Arriesgar y Sacrificar: El Duro Bautizo del Emprendedor Gastronomico.

Publicado por el 20/01/2018. Categoría: Blog

“El mayor riesgo es no asumir ningún riesgo… En un mundo que cambia realmente rápido, la única estrategia en la que el fracaso está garantizado es no asumir riesgos”

Mark Zuckerberg, Fundador de Facebook

 

¡Qué más quisiera yo, amigo emprendedor, que decirte que el camino que tienes por delante será fácil y lleno de éxito! Por desgracia, nunca es así.

Muchas personas te comentan que con un mínimo de esfuerzo puedes ganar dinero, tener la casa que tú quieres y viajar por todo el mundo. Aunque te parezca raro, este es el mensaje más negativo que existe. Como todos queremos ser emprendedores, así nos inducen a pensar que invirtiendo un poco de dinero (normalmente en sus compañías) podrás disfrutar en poco tiempo de una despreocupada vida de lujos.

En el 99.9% de los casos, es una mentira flagrante. Nadie se encuentra la olla de oro al final del arcoíris: por experiencia propia y la que comparto con los miles de emprendedores a los que llamo mis amigos, la clave del éxito se llama trabajo y sacrificio.

Si vas a caminar, camina. Si te vas a sentar, siéntate

El primer paso es siempre el más difícil, pero es el que transformará tu vida a partir de este momento. Poca importancia tiene si eres un joven que intenta abrirse paso en la vida, o un hombre maduro que aspira a mucho más: debes empezar por decidirte a desatar por completo tu poder de crear para cambiar tu realidad.

Empezar desde cero implica romper con lo que has logrado hasta el momento y arriesgarte a un camino nuevo que, aunque no exento de aventura y emoción, también implica tropiezos y dificultades.

¿Notas que no he dicho fracasos? Esta palabra no existe en el diccionario de un emprendedor. Cuando las cosas no van como has planeado esto no significa una derrota, sino una experiencia útil que puedes emplear más adelante.

“Si vas a caminar, camina. Si te vas a sentar, siéntate”. Esta máxima que nos regala la sabiduría asiática parece en principio sencilla, pero encierra el espíritu de la determinación de un emprendedor. En el mundo de los negocios no hay medias tintas: o eres valiente y te entregas completamente a hacer realidad tus sueños, o juegas al seguro y sigues como hasta ahora. Siéntate o camina, pero sé firme en lo que decidas.

Encuentra el trabajo que te gusta, y no trabajaras más nunca

Antes de lanzarte desesperadamente a crear empresas destinadas al fracaso (un gran amigo y emprendedor exitoso llamaba a esto “la carrera del pollo sin cabeza”) toma papel y lápiz y responde a estas preguntas:

¿Qué es lo que te apasiona?

¿Qué es lo que sabes hacer?

¿Qué quieres: mucho dinero o mucho tiempo libre?

¿Quieres quedarte dónde vives o asentarte en otra parte?

Mira ahora tus respuestas. Aquí está la clave de lo que será tu negocio, porque en la medida que te sientas cómodo con lo que haces mayor será tu motivación personal para avanzar.

No hay premio sin sacrificio

Un cambio implica un reajuste, y si vas a entrar en el mundo de los negocios tienes que estar listo para que tu vida se adapte a la nueva situación. Como emprendedor prepárate entonces a vivir y trabajar en los próximos cinco años como muy poca gente lo haría. Pero lo mejor del caso es que después llegarás a vivir y trabajar con tanta comodidad y alegría como muy poca gente puede.

Estos sacrificios son ineludibles, pero considéralos una inversión en tu futuro y el de los tuyos. Así que te digo de antemano el lado oscuro del emprendimiento, para que no te tome por sorpresa.

El sacrificio de la estabilidad

Crear una empresa de la nada no es algo que sucede sin más, sino es una batalla constante entre éxitos y contratiempos. A diferencia del trabajo estable con una remuneración fija que puedes tener en muchas compañías, el emprendedor va a tener altibajos durante los primeros meses.

Por muy bien pensado que esté tu plan de negocios, siempre habrá algo que falle. Si abres un restaurante, puede que en los primeros meses la clientela no sea abundante, te falle un proveedor a última hora, tengas que cambiar al personal porque no cumple con tus expectativas, hayan desperfectos en el local que no viste de principio…en fin, mil detalles que te mantendrán sobre ascuas la mitad del tiempo y lidiando con ellos la otra mitad.

La esperanza es que si eres inteligente, obras pronto y con seguridad y te mantienes firme a tus objetivos, en la medida que tu negocio avance las cosas serán más fáciles.

El sacrificio de la línea divisoria

Si antes podías dejar el trabajo en su lugar cuando volvías a casa, ahora esta división ya no es posible. Cuando atiendes tu propia empresa, el trabajo empezará a restarle tiempo a tu vida privada porque tendrás que solucionar problemas que no pueden esperar.

Es muy importante que tu familia entienda los requerimientos de tu nueva posición como empresario. Llamadas nocturnas, viajes de negocios, correos ineludibles y todo tipo de asuntos te tendrán ocupado y no hay nada que puedas hacer. Como empresario, al principio es imposible delegar estas cosas.

Aun así, es de suma importancia que hagas tiempo para los tuyos y también para ti mismo, o el estrés hará que disminuyas tu capacidad de trabajo. Sal de paseo, corre, ve al gimnasio, medita, escucha música…en fin, has lo que más te gusta (además de trabajar, que ya sabemos que te encanta).

Hay un dicho inglés que habla de esto: All work and no play makes Jack a dull boy. Literalmente, “Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un chico aburrido”. Obviamente, si buscas el éxito no debes olvidarlo.

El sacrificio de los ingresos

Los primeros meses, tu economía no será buena. Eso es una máxima con la que tendrás que lidiar sin remedio, porque aun cuando generes dinero desde el principio, este servirá tan solo para pagar la inversión que tuviste que hacer para crear tu empresa.

Más aún, si quieres que tu negocio prospere, tendrás que reinvertir lo ganado para crecer. Como jefe puedes fijarte tu propio sueldo, pero eso normalmente funciona para bien y para mal: muchos empresarios ni siquiera consideran asignarse un sueldo fijo hasta que el negocio se estabilice por completo y las ganancias superen con creces a las pérdidas.

Así que estate preparado para apretarte fuerte el cinturón y renunciar a los lujos por el momento. Las recompensas pueden esperar un poco más, pero serán grandes sin dudas.

El sacrificio del sueño

Quien tiene una empresa debe estar dispuesto a sacar más horas del día para trabajar duro, y casi siempre son las del sueño. No es ninguna sorpresa que los emprendedores exitosos duerman poco y muchas veces mal, ya sea por ocuparse de tareas urgentes o por la preocupación sobre el futuro de su compañía.

Ejemplos de esto hay miles. Una persona adulta necesita entre 5 a 9 horas de sueño al día, mientras que aquellos que están ocupados violan este tiempo de forma continua. Sin llegar al extremo de Karl Marx (que mientras estaba escribiendo “El Capital” dormía solo dos horas diarias), como emprendedor tu rutina de sueño de seguro va a cambiar.

No obstante, tienes que tener presente que el sueño es una función imprescindible, restauradora y fundamental para asegurar que al día siguiente estas lleno de energía para dedicarla a tu empresa.

El sacrificio de la comodidad

Ser emprendedor es por definición salirte de tu zona de confort para enfrentarte a un mundo que no conoces y que es hostil y competitivo. Tendrás que ser rápido en tomar decisiones correctas, tendrás todo el poder ejecutivo de tu empresa –muy edificante hasta el momento en que te equivocas- y tendrás que estudiar con profundidad temas vitales que antes no te interesaban en lo más mínimo.

Si eres temperamental, aprende a controlar tu carácter, para que las pasiones no te dominen y te lleven a enfrentar los problemas mal. En resumen, ser emprendedor es sinónimo de sortear situaciones incómodas con seguridad y hasta un poco de adrenalina por la emoción de ver como enfrentas los obstáculos.

Los ganadores nunca abandonan y los que abandonan nunca ganan

Si has leído este artículo sin amilanarte ni una vez, y eres capaz de decir “esto son cosas que yo puedo y voy a hacer”, entonces tienes el alma de un verdadero empresario.

Pero si dices “podría intentarlo”, entonces te recomiendo que busques un poco más de claridad y decisión dentro de ti mismo antes de comenzar a crear tu empresa.

Recuerda: “si vas a caminar, camina. Si te vas a sentar, siéntate”. Decir que voy a intentar algo significa que en cuanto las cosas se pongan un poco difíciles regresaré a donde estaba antes y no haré nada más. Como quien mete el pie en el río a ver si el agua está muy fría, se arrepiente y se queda en la orilla.

Las cosas no se intentan: se hacen o no se hacen. Y, como en la vida, en los negocios no puede haber términos medios. Lánzate al río y nada, que en la otra orilla está tu felicidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Artículos relacionados