El Bien Más Preciado del Emprendedor Gastronomico.

Publicado por el 13/01/2018. Categoría: Blog

“Todo lo que estimula nuestra vida, trayéndonos

calor, frío, tristezas, es breve y es saludable.

¡Sopórtalo, entonces, como lo hace el sabio!”

Mahabharata

Mis amigos cercanos saben que en los primeros días del año me resfrié un poco y tuve que guardar cama. Como soy una persona muy activa, me han dicho que mi ausencia se hizo notar, y confieso que eso de guardar cama no fue precisamente de mi agrado.

¿Qué cosa tan rara, eh? Y no hablo de tener que guardar cama, porque a nadie le gusta estar enfermo. Hablo de que no me guste descansar.

Encuentra un trabajo que te guste, y nunca más trabajarás

En su lugar, te estarás divirtiendo. Pero, en el caso de nosotros los emprendedores, ocurre lo mismo que con los juerguistas: nos tomamos la diversión en serio (en nuestro caso, el trabajo), y a veces descuidamos otros aspectos de la vida que son igual de importantes.

El emprendedor trabaja durante los primeros cinco a diez años de su carrera en los negocios como nadie quiere hacerlo, para luego tener la vida que todos quisieran tener. No obstante, en ocasiones no nos percatamos que nuestra capacidad de trabajo no es ilimitada y pugnamos por trabajar incesantemente para que hasta el último detalle esté bajo nuestro control.

Y eso, amigos míos, al final nos va a pasar la cuenta, ya sea a nuestra salud física o mental.

Puede que incluso seamos personas con capacidades muy especiales, que con un poco de descanso podamos seguir aparentemente al infinito. No obstante, aunque tengamos estos períodos de ferviente actividad, al final hay que hacer un alto en el trabajo porque si no la salud se nos acaba.

Delegar y confiar en el plan de negocios

Aunque sin dudas el esfuerzo personal del emprendedor es el impulsor de su empresa, saber delegar un grupo importante de tareas a otras personas responsables y cumplidoras nos permite abandonar nuestro traje de superhéroes y comenzar a vivir nuestra vida con más sentido e inteligencia.

Hay un dicho popular que reza que “el ojo del amo engorda al caballo”, que se refiere a que el dueño es quien debe velar por sus intereses. Eso no quita, claro está, que cada miembro tenga una función específica y adecuada a su capacidad, y que no existan solapamientos de intereses ni rivalidades entre los empleados.

Muchos amigos me han preguntado por qué, aunque en muchas ocasiones me tomo tiempo para mi descanso, pasar tiempo con mi familia y sobre todo asistir a talleres y cursos de superación para seguir creciendo como emprendedor, no me preocupa en demasía como van operando y funcionando mis restaurantes y otros negocios.

La solución tiene dos aristas: tengo grandes subordinados que son de probada confianza y en los que puedo delegar, y un plan de negocios sólido y bien detallado a donde mis gerentes pueden acudir para hacer las cosas exactamente como las he proyectado.

Nadie puede estar todo el tiempo en todas partes

Muchos emprendedores piensan que pueden lanzarse al ruedo de los negocios sin un plan donde tengan absolutamente todo reglamentado, y lo suficientemente flexible como para poder añadirle más pautas a seguir. Esto es un gran error, y a la corta más que a la larga en cuanto las cosas comiencen a crecer tendrán que sentarse a poner en blanco y negro como funciona su negocio en blanco y negro, para que sus subordinados tengan orientaciones precisas de cómo actuar.

Ahora estuve enfermo, pero todo siguió su marcha sin mí, y eso es bueno. Imagínate cuando tu emprendimiento gastronómico sea una cadena con varios e incluso decenas y cientos de locales. ¿Puedes estar en ellos todos y cada uno de los días, “engordando el caballo”? La mejor solución, amigo mío, es saber delegar y tener un plan de negocios sólido. Y la sopa de pollo para mis resfriados, claro está.

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