El Emprendedor Gastronómico Evoluciona con el Cliente.

Publicado por el 6/01/2018. Categoría: Blog

“Éste es el mejor consejo: piensa constantemente

cómo podrías hacer mejor las cosas.”

Elon Musk

De seguro –y así lo espero- las cosas van muy bien en tu emprendimiento gastronómico. Tienes muchos y sobre todo buenos clientes, de esos que son fieles y van a tu establecimiento de forma regular a compartir con amigos o familia varias veces al mes. Tu cocina funciona de manera impecable, el personal de servicio es amable y vende bien tus productos, tienes una propuesta diferente y tus posibles competidores están a mil millas de distancia. También, por qué no, el flujo de caja siempre es positivo.

Como emprendedor, ya has alcanzado el sueño que te propusiste hace un par de años: tienes un negocio de éxito, siendo el criterio de triunfo el que tú mismo te trazaste. Este es el mejor momento entonces para no quedarte con los brazos cruzados.

El cliente evoluciona y tú con él

La clave del éxito de un emprendimiento no es llegar: el truco radica en mantenerse. Cuando se alcanza una meta es tiempo de proponerse otra más difícil, que es adaptarse a las cambiantes condiciones del entorno que rodea tu emprendimiento.

Nada en el mundo de la gastronomía es estático, así que debemos ser tan dinámicos como él. Cambian los productos, cambian los precios, cambian los ingredientes, cambia el personal, los estilos de dirección…todo está guiado por un flujo continuo de evolución, en el que estar informado de los gustos de tus clientes es vital para entenderlos y también variar nuestras propuestas con el fin de que queden complacidos.

Mantenerte informado es vital, tanto que hasta la forma de vender se ha especializado en basarse en la información de que quiere y que necesita el cliente. Si antes tenías un buen producto y debías convencer al cliente de sus bondades, en el nuevo marketing la tendencia es escuchar lo que los clientes desean y adaptar el producto a lo que ellos quieren.

Un cliente tan estático como cambiante

Sucede una cosa curiosa en la gastronomía: el cliente puede lo mismo ser un ente inamovible como un sibarita en busca de emociones diferentes. Y lo más gracioso del caso es que no lo puedes encasillar ni en una tendencia ni en la otra.

Te explico a qué me refiero. Cuando salimos a comer, podemos decidir ese día que vamos a ir a nuestra parrillada favorita, porque nos gusta el asado y la forma en la que la prepara el restaurante X. De esta forma estoy siendo conservador: apuesto por lo seguro, porque sé que:

  1. El producto que me ofertarán tendrá la calidad que a mí me gusta
  2. Sé que el servicio de mi restaurante preferido siempre estará a la altura de mis expectativas.

Este tipo de cliente pertenece al grupo de los que ya tiene en mente incluso que es lo que va a consumir, y por supuesto que los queremos para nosotros. Son los fidelizados, los que mantienen nuestro flujo de caja estable e incluso nos perdonan algunos errorcillos, porque nos consideran de la familia.

Pero tal vez ese día decido que quiero comer comida italiana, o me siento aventurero y se me antoja experimentar con comida tailandesa. Y, el peor de los escenarios: voy a probar otra parrillada que puede que me guste más.

Continuará…

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