Ser Emprendedor Gastronomico Es Ser Valiente, No Temerario.

Publicado por el 21/01/2018. Categoría: Blog

“Allí donde hay una empresa de éxito, alguien tomó alguna vez una decisión valiente”

Peter Drucker, padre del management

Cuando una persona decide tomar ser un emprendedor y lanzarse al camino del éxito, el primer obstáculo en surgir es el temor al fracaso. Esto es natural. El miedo es un instinto que nos protege de todo lo que nos pueda hacer daño. Sufrir una gran decepción, hacer el ridículo o quedar en la ruina, son sus manifestaciones sociales más evidentes y que desalientan a la mayoría.

Es aquí donde está la diferencia entre aquellos que tienen éxito y la gran cantidad de personas que no van más allá de una existencia conformista y mediocre. Todo aquel que abandone sus sueños, te estará cediendo el paso para que alcances los tuyos. En este sentido, el éxito es un mercado poco competitivo en el cual tú tendrás la ventaja principal: haberte despojado de tu temor al fracaso.

El valor para triunfar

La valentía es un rasgo distintivo de la gente emprendedora. Sin embargo, ser valiente no es lo mismo que ser temerario. El valiente prepara una estrategia antes de actuar, y luego actúa sin apartarse de su plan. El temerario solo cierra los ojos, se lanza adelante y espera que todo salga bien por arte de magia.

Es simple sentido común que si te lanzas al río sin saber nadar, jamás llegarás al otro lado.

Los contratiempos y el éxito son la misma cosa

Edward Murphy, un exitoso ingeniero aeroespacial, sentenció su famosa Ley de Murphy al decir que “si algo puede salir mal, saldrá mal”. Pese al aparente pesimismo de esta frase, detrás de la primera interpretación vive una verdadera lección de optimismo.

Los errores y los contratiempos son inevitables. La vida no color de rosa y siempre te pondrá una piedra a cada paso que des. El camino al éxito, por tanto, no es sino un desfile de problemas.

¿Una idea derrotista? Todo lo contrario. Una vez sabes esto, estarás en disposición de afrontar cada obstáculo que se te presente, pues tienes claro que te encuentras ante una ley tan universal como la gravedad. ¿La gravedad te impide caminar? No. De hecho, es el incentivo que ha llevado a escalar las montañas más altas del mundo, construir los mayores rascacielos y hacer realidad el sueño milenario de alcanzar la Luna. Los obstáculos son desafíos, y los desafíos son la fuente de inspiración de las grandes cosas.

Por otra parte, cada revés te indica qué estás haciendo mal…y cómo hacerlo mejor. Cada fallo, sin importar lo grande o pequeño que sea, es una brújula que marca el camino correcto al éxito. En este sentido, revés es sinónimo de aprendizaje, y no puede haber éxito sin aprendizaje.

Fíjate que como te decía en un artículo anterior, en mi diccionario y en el tuyo no existe la palabra fracaso, y por eso no la he usado. Si luego de un contratiempo aun estás vivo y puedes seguir adelante, no has fracasado. Has aprendido.

La diferencia entre ser valiente y temerario

Seguramente conoces la leyenda griega de Ícaro. Su padre Dédalo, para escapar de Minos, hizo unas alas para ambos de cera y plumas. Dédalo le advirtió a Ícaro dos cosas: no volar muy bajo, para que las alas no se mojaran; ni muy alto, porque la cera se derretiría si estaba muy cerca del sol. Ícaro desobedeció y el calor del sol fundió la cera, así que cayó al mar y murió ahogado.

¿Qué tiene que ver esta leyenda con ser un emprendedor? La diferencia entre ser valiente y temerario. Debas apuntar siempre a las alturas, pero también sopesar los pros y los contras de tomar una decisión arriesgada.

Para conseguir cualquier objetivo, debes tenerlo bien claro. Las dos características principales de un emprendedor son la valentía y la capacidad de tomar las decisiones adecuadas.

La primera viene de un deseo de superación lo suficiente intenso como para derrotar el miedo al fracaso. La segunda, más complicada, tiene que ver con la capacidad de mantener claros tus objetivos y actuar con inteligencia, previsión y buen juicio.

Definitivamente triunfaré: eso es un hecho

El significado de éxito varía según la persona y es igualmente válido, sin importar su naturaleza: es conseguir lo que más deseas.

Aquí entra la tercera característica del emprendedor: la fe en el éxito personal. Tienes el valor, has diseñado tu plan con detalle y estás determinado a llevarlo a cabo. Y sabes que vas a lograrlo.

Tal vez no hayas terminado tus estudios, tu condición económica sea pésima, arrastres una larga lista de fracasos, tengas alguna deficiencia física o creas no poseer las aptitudes necesarias para triunfar.

¿Sabes qué? Eso no es justificación. Charles Chaplin vivió su infancia en la más extrema pobreza, Stevie Wonder era ciego y Bill Gates era un muchacho tímido que abandonó la universidad.

El factor común de todos ellos era que estaban convencidos de que, a pesar de sus limitaciones, iban a lograrlo. Seguro dirás “pero yo no soy un Chaplin, un Stevie Wonder o un Bill Gates”. Y yo te pregunto: ¿estás seguro? Todos llevamos dentro la semilla de la genialidad. Solo que nos empeñamos en no dejar que germine. En algo eres realmente bueno, solo que no lo has explotado hasta ahora.

Lo que hace la diferencia es que el genio aprende a ver las cosas de manera diferente, alberga el valor para superar los desafíos y llevar su mente al límite. La genialidad es más una cuestión de actitud que de aptitud.

Sobre el valor de la cautela

Una persona de éxito complementa su valor y auto-confianza con la cautela necesaria para no tomar malas decisiones. Los hermanos Wright –los Dédalos de la vida real- solo probaron su máquina voladora después de un largo aprendizaje de las leyes de la aerodinámica, y muchos experimentos fallidos. Algunos temerarios antes que ellos lo intentaron sin cautela y terminaron en el fondo de los barrancos. Pero ellos nunca dudaron en que al final volarían.

Cautela no es inacción, es preparación y descubrir el momento oportuno para actuar. Luego, nada ni nadie, y en especial tú mismo, te impedirá triunfar.

Artículos relacionados