Orientado a Resultado: Eficacia vs Eficiencia.
Publicado por Edgar Walter el 30/06/2018. Categoría: Blog
“Si eres claro con aquello que quieres,
el mundo responde con claridad”
Loretta Staples
Todas las empresas basan su gestión económica en un principio capital: deben generar un superávit que les permita luego reinvertir en su crecimiento. Para ello, cada una de sus partes debe operar bajo dos criterios que resulta vital entender: la eficacia y la eficiencia.
Aunque a primera vista podrían parecer lo mismo, no lo son, a pesar que son conceptos muy relacionados entre sí. Pero la habilidad para reconocer la diferencia y aterrizar estos dos conceptos en acciones concretas es fundamental para tener un negocio exitoso y que genere ganancias.
El criterio de la eficacia
La eficacia es lograr los resultados que nos proponemos: llegar a hacer las cosas de la manera correcta. Es seleccionar la tecnología adecuada, desarrollar una estrategia productiva acorde a la escala requerida y diferenciar su oferta de la del resto de la competencia.
Cumpliendo estos tres retos fundamentales (qué hacer, en que volumen y cómo hacerlo atractivo para la venta) es obvio que tendremos un emprendimiento exitoso, pero no siempre se puede lograr a la escala de un pequeño negocio. A los efectos, se estima que la eficacia de las pequeñas empresas oscila entre el 50 y el 80% de los casos, comparada con las empresas de clase mundial.
¿Por qué de este pobre desempeño? Porque, a diferencia de las empresas bien establecidas y de bolsillos profundos, un negocio que comienza no puede darse el lujo de alcanzar la eficacia a costa de un camino de prueba y error. Normalmente, para arrancar un emprendimiento a duras penas logramos reunir el capital necesario para hacer las cosas bien a la primera. No podemos darnos el lujo de andar y desandar caminos hasta encontrar la fórmula correcta.
La necesaria eficiencia
Eso es precisamente la eficiencia: hacer bien las cosas a la primera, sin desperdicio de recursos ni capital. Y es en ella que la pequeña empresa tiende a fallar, porque no hay un control estricto de los costos ni cómo reducirlos sin sacrificar la productividad y la calidad. Abundan en nuestra gestión los tiempos muertos, el desperdicio, el pobre uso de la reingeniería para hacer el proceso más ajustado, barato y óptimo. Sabemos que hacer y ser eficaces, pero no la mejor forma de hacerlo y somos ineficientes: se calcula que las pequeñas empresas solo alcanzan entre el 30 y el 60% de eficiencia con respecto a las empresas de clase mundial.
Cierto es que en ocasiones, para ser eficaz, la eficiencia debe ser primero dejada a un lado. Por ejemplo, cuando un chef está creando un plato nuevo: siempre habrá un gasto de ingredientes mientras encuentra el balance en un plato, que tendrá que hacer quizás unas cuantas veces ensayando combinaciones. Si es un cocinero de talento de seguro llegará a un producto eficaz, pero tanto en tiempo como en materiales deberá despilfarrar un poco para llegar a un producto eficaz.
Luego de recorrido el camino de la eficacia, tendrá exactamente la lista de ingredientes y el método de preparación del plato, por lo que podrá repetirlo una y otra vez y hasta optimizar el proceso para lograr hacerlo de la forma más eficiente.