Esperanza, Fe y Valentía

Publicado por el 1/10/2019. Categoría: Blog

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“Nunca una noche ha venido al amanecer y nunca

un problema ha vencido a la esperanza”.

Bern Williams

Estas tres condiciones son las que definen el espíritu y estado mental que deben predominar en ti para convertirte en un emprendedor. Créeme cuando te digo que si alguna de las tres no está presente todos los días en tu vida, es mejor que ni siquiera lo intentes.

Si ya estás en el camino del emprendedor, es muy probable que apliques estos principios de forma intuitiva, así que mejor ponerle nombre a estas tres actitudes para que puedas echar mano de ellas cada vez que lo necesites. Y no solo referidas al emprendimiento: que te acompañen todo el tiempo es la clave para tener una vida próspera y feliz.

La esperanza es desear que algo suceda

Ella es la raíz que da sostén a nuestro emprendimiento. Todos tenemos buenas ideas todo el tiempo, pero solo unos pocos se toman el tiempo necesario para analizar seriamente si ese pensamiento peregrino que viene a nuestra cabeza es viable o no.

La gran diferencia entre una persona emprendedora y otra que no lo es radica en que, una vez que se ha decidido que un posible negocio es viable, desea sinceramente llevar a la práctica aquello que vive en su cabeza. Esto, claro está, abarca todos los aspectos de la vida: un pintor desea pintar algo que conmueva y sorprenda, un escritor anhela que su historia sea leída por todos, un deportista se visualiza a si mismo en lo alto del podio.

Es la esperanza de ver cumplidos los sueños lo que nos impulsa y nos ayuda a enfrentar las dificultades que van surgiendo, nos impulsa a prepararnos cada vez más para estar a la altura del reto y nos marca la meta a alcanzar.

La fe es creer firmemente que algo va a suceder

No basta con desear que algo suceda, porque si no creemos feroz y ciegamente que somos capaces de llevarla a cabo no tendremos el aliciente necesario para que las dificultades no nos venzan.

La fe en un poder superior que facilita nuestra actividad es muy importante, pero más aún lo es el armarnos de un sentimiento de seguridad inquebrantable en que somos capaces de llevar a la realidad nuestros sueños. Es esta confianza en nosotros mismos lo que constituye el núcleo de la fe y el credo del emprendedor.

Incluso, no importa si en este instante preciso no contamos con los recursos, económicos o intelectuales, para lograr que nuestro sueño vaya vistiéndose poco a poco de realidad. El emprendedor con fe verá una situación adversa como un escalón y no como un muro, e incluso su fe le hará sentirlo como lo que es: una prueba necesaria que pone a prueba su determinación y le obliga a elevarse a un estado superior.

La valentía es hacer que algo suceda

Por último y no por ello menos importante, el emprendedor verdadero sabe que no basta desear o creer que algo sucederá, sino que para que pase él tiene que dejar de ser espectador de su situación y tomar cartas en el asunto.

Esta valentía que nos hace salir de nuestra área de confort, tomar riesgos, hacer apuestas por el futuro y pasar a la acción es lograr que nuestro sueño salga de nuestra mente y se convierta en una realidad tangible, en un producto o servicio útil para los demás y para nosotros mismos.

Así, despierta cada mañana convencido de que con esperanza, fe y valentía no hay nada que te impida alcanzar la meta que te propongas.

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