Frederic Tudor : Una Fortuna Hecha De Agua.

Publicado por el 16/11/2019. Categoría: blog

Frederic Tudor

“Algo se juega uno al echar

los dados de hielo en el vaso”.

Ramón Gómez de la Serna

¿Quién dijo que las bases del emprendimiento es algo que se inventó hace pocos años? En lo personal, me he quedado pasmado con la historia de un verdadero héroe de los negocios del siglo XIX, en la que se reflejan todas esas características que tanto se desea ver en un emprendedor de nuestros tiempos.

Así, hoy te cuento la historia de Frederic Tudor, apodado el Rey del Hielo, que supo llevar un sueño a la realidad y silenciar a todos esos que se burlaron de su perseverancia y fino olfato para los negocios.

Vio dinero donde otros vieron agua

Frederic Tudor nació en 1783 en Boston, Massachusetts. Hijo de un prominente abogado que tenía una finca en la isla tropical de Martinica, a sus 22 años y sufriendo el calor sofocante del trópico pensó en que bueno sería tener un poco del invierno de su ciudad natal para hacer más llevaderas sus vacaciones.

Así, el joven empresario comenzó a plantearse en serio el llevar hielo desde las charcas congeladas en invierno de Nueva Inglaterra al calor del Trópico caribeño. Imaginó que sus posibles clientes podrían no solo utilizar para enfriar bebidas o conservar la comida, sino como un remedio eficaz para bajar la fiebre de los pacientes que sufrían de fiebre amarilla y otras enfermedades de la región.

Desde un inicio tuvo dificultades y sufrió burlas. El primer contratiempo fue que ningún comerciante en su sano juicio aceptó llevar tal carga en sus bodegas… así que Tudor compró él mismo un barco mercante. Su primer viaje lo realizó en 1806 con 130 toneladas de hielo, que extrajo de un estanque en tierras de su familia. Los bloques, envueltos en heno, resistieron bien el viaje de tres semanas a Martinica, pero se fundieron con rapidez porque, llegado a puerto, no había almacenes adecuados para conservarlo.

La aventura le costó al emprendedor unos 4000 dólares, una inmensa fortuna para los estándares de aquel entonces. No obstante, Frederic Tudor decidió aprender de los errores en lugar de darse por vencido.

Perseverancia, habilidad y paciencia

Un segundo viaje a la Habana en 1807 no le permitió saldar sus deudas: tal fue así, que el futuro Rey del Hielo estuvo en prisión en dos ocasiones. Luego, la Guerra anglo-americana de 1812 puso peor las cosas… pero no desanimó al empresario.

Sacando experiencia de sus errores anteriores, hizo construir en los puertos donde comerciaba almacenes especiales, y descubrió que el serrín era mucho más efectivo que el heno para conservar los bloques.

De esta forma, Frederic Tudor adquirió el monopolio del hielo en la Habana y Jamaica, con gran éxito también en Nueva Orleans, Charleston y Savannah. Contribuyó también la alianza con otro emprendedor y uno de sus proveedores, Nathaniel Wyeth, que inventó un cortador de hielo remolcado por caballos en lugar del método de corte a mano.

Sin temor a las hazañas, este revolucionario embarcó un cargamento desde los EEUU a Calcuta, India. El viaje duró 4 meses y el hielo llegó intacto. En 1856, el Rey del Hielo vendía cerca de 150.000 toneladas de hielo anuales en 43 países extranjeros, que incluían a Australia, Japón y China.

Frederic Tudor murió millonario a los 80 años de edad, pero transformó al hielo de un lujo a un producto de primera necesidad. Es justo entonces reconocer que creó la demanda que luego permitiría la aparición de los refrigeradores y congeladores tal como los conocemos.

Esta es la verdadera gloria de un emprendedor: cambiar al mundo.

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