Salud y Emprendimiento.

Publicado por el 21/11/2019. Categoría: blog

emprendimiento y salud

“Tomamos extrañas medicinas para mejorar

nuestra salud, por lo que debemos tener extraños

pensamientos para fortalecer la sabiduría”.

Brian Aldiss

¿Tener garantizada la estabilidad económica, ser independientes y luchar por nuestros sueños es una garantía de salud? Para nada.

Como emprendedores, nos estamos exigiendo a nosotros mismos todos los días, y mucho. En ocasiones, nuestra voluntad se sobrepone a las señales que nos está enviando nuestro cerebro: trabajamos muchas horas seguidas, estamos sometidos a un constante estrés porque todo salga perfecto… e incluso, cuando estamos en casa y se supone que es hora de aquietar nuestro cerebro y darle ese tiempo que tanto necesita nuestra familia, estamos maquinando sobre la mejor estrategia para sortear un problema o incrementar nuestras ventas. O, en el peor de los casos, saltamos nerviosos en cuanto suena el teléfono, listos a correr a nuestro local porque algo no está saliendo bien.

Lo admito, yo soy ese emprendedor del que estamos hablando. Y es lo más natural del mundo, porque realmente amo lo que hago y le he entregado y le entrego a mi propósito mucho tiempo, porque me llena de satisfacción. En los primeros momentos es ineludible cierto nivel de estrés, pero luego de algunos meses o años al pie del cañón es necesario comenzar a repensarse las cosas y llegar a un equilibrio que no afecte nuestra salud.

Emprendimiento vs Salud

En cuanto a esfuerzo físico, no importa que área del mercado trabajes siempre va ha haber alguno implicado. En mi caso, cuando al principio iba a los encuentros deportivos locales a vender mi pollo a la brasa, había bastante de trabajo real: cocinar, estibar, vender, recoger… en fin, que llegaba a casa listo para un baño y la cama.

Pero esto no solo cuenta para los emprendimientos que tienen mucho que ver con el esfuerzo físico. Como ejemplo podría poner el de un amigo que tiene una startup que depende de que él esté todo el día frente a un ordenador programando. ¿Fácil, verdad? Pues para nada. Además del agotamiento intelectual, mi amigo tiene ya dolores de espalda atroces, un túnel carpiano que le obliga a tomar antiinflamatorios y llevar una venda elástica en la mano derecha… sin contar que al llegar la noche tiene los ojos enrojecidos de tanto forzar la vista, y en tres años como emprendedor ha tenido que cambiar 2 veces la graduación de la vista.

Ahora bien –me dirás–, en cuanto ya se tiene cierto éxito y nivel de clientes, los emprendedores contratan a otros que hacen la mayor parte del trabajo físico. Es cierto que ya no cargo bandejas ni cocino tan a menudo como antes, aunque como sé hacerlo a veces tengo que pegar el hombro y empujar cuando sea necesario…

Pero el mayor desgaste del emprendedor tiene que ver con el aspecto psicológico. Dirigir un equipo y orientarlo hacia tu visión de a dónde debe ir el emprendimiento es una tarea diaria y constante, que al repetirse va generando algo que viene siendo el signo de la sociedad moderna: el estrés.

Este aspecto no es algo que deba ser tomado a la ligera ni se debe restarle importancia. Sobran los ejemplos de grandes empresarios que han terminado visitando las consultas de psicología y psiquiatría por episodios de depresión o agotamiento mental. Y, sin llegar a los extremos, como mínimo un emprendedor estresado no tomará las mejores decisiones y no tendrá el mejor trato para con sus clientes y trabajadores…

Además de no ser feliz, y corrígeme si me equivoco: en un final, la felicidad es la meta que deseas alcanzar.

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